¿Dónde queda nuestra privacidad?

La aparición del coronavirus ha supuesto un nuevo reto a nivel global, no solo a nivel económico y sanitario, sino también a nivel informacional. La circulación de la información por diferentes medios y mecanismos es vital para el devenir de las acciones de los actores, sean estos individuos, Estados, o empresas. De esta manera, la recopilación, almacenamiento y gestión de los datos en torno a la pandemia, es fundamental para que otros actores tomen unas medidas u otras, actúen de una manera u otra. En definitiva, para planear futuras actuaciones y situarse en el contexto en el que se encuentran.

Para esta tarea, las herramientas de big data han ido cobrando fuerza, mientras ha surgido a la par una controversia relacionada con la privacidad relativa a la información de la población. ¿Hasta qué punto es ético que los estados y las empresas privadas posean el rastro que dejamos en las redes, la información que vamos desperdigando cada vez que navegamos por internet, utilizamos una aplicación móvil, enviamos un email o incluso hablamos con otra persona? Las posiciones y discursos acerca del big data durante la pandemia son amplias y diversas. Aquí solo hemos recogido un pequeño extracto de los diferentes discursos que hemos podido encontrar.

Para empezar, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han (2020) señala como culturalmente los países asiáticos han atajado la crisis del coronavirus de una forma completamente distinta a la que se estaba desarrollando en Europa. Estos factores culturales también los podemos observar, como señala Han, en la concepción de la privacidad y del control por parte de las instituciones gubernamentales. En este caso, en los países asiáticos no hay un análisis crítico hacia la vigilancia y el control del Big Data y el concepto de espacio privado es inexistente (además de la total facilitación de datos por parte del sector privado a los organismos gubernamentales). Esto, ha posibilitado que desde el primer momento los gobiernos han desarrollado distintas acciones de carácter digital para controlar a la población. 

Han (2020) señala que en Europa el enfoque en cuanto a la privacidad y el control social es completamente distinto. La legislación en cuanto a protección de datos y privacidad, junto con la escasa filtración de datos de las empresas privadas a las públicas hace imposible pensar en un control social con Big Data al nivel de China, algo casi distópico para el imaginario europeo. Pero, es aquí, donde Han hace una advertencia. Apoyándose en la teoría del Shock de Naomi Klein, advierte que no sería tan impensable, que tras un shock como el que puede suponer la crisis del coronavirus, en Europa se asuman patrones culturales sobre privacidad y control social más cercanos a los vistos en los países asiáticos.

El big data para las empresas

El discurso empresarial hace referencia a la necesidad de utilizar herramientas de big data para fomentar su seguridad y la salud de sus trabajadores mediante aplicaciones destinadas al rastreo de la geolocalización de sus empleados. Así,  Abril (2020) señala que grandes corporaciones como Indra ya han desarrollado aplicaciones privadas que funcionan como pasaportes sanitarios, de manera que el algoritmo matemático tendrá en consideración variables de contacto entre humanos, espacios y objetos con el fin último de prevenir contagios por coronavirus.

Además, Méndez y Mcloughlin (2019) hacen referencia al contrato firmado entre el Instituto Nacional de Estadística (INE) y las operadoras de telefonía móvil Movistar, Vodafone y Orange por el cual ultimaron la venta de datos de sus usuarios. La información individual convertida en mercancía entre las empresas privadas. Una actividad legal descontrolada, donde la única ley al respecto es la Ley de protección de datos, por la cual la información en venta de los distintos usuarios ha de estar anonimizada. Entre la información que se vende se encuentra la hora a la que nos levantamos, el trayecto que realizamos para ir los destinos, los movimientos que hacemos en nuestros domicilios y cuánto tiempo pasamos en cada zona de nuestra casa, hábitos de navegación por internet, etc., con el fin de crear macrotendencias. Las empresas compradoras son de todo tipo, desde bancos, aseguradoras, grandes almacenes, hasta los propios ayuntamientos para analizar posibles necesidades de movilidad ciudadana (señalizaciones de tráfico, rampas para personas con movilidad reducida, etc.).

El big data para el Estado

El big data se está convirtiendo en una herramienta indispensable para controlar a la población y desarrollar los servicios e infraestructuras de la ciudad en función a esto, como señalan los casos de los estados asiáticos como Japón, Corea o el flagrante caso de China. Mientras tanto, los estados europeos no han sido muy proclives a la utilización de este tipo de herramientas hasta la llegada de la pandemia global del coronavirus, y su uso está siendo registrado para temas de movilidad y geolocalización, más que de carácter coercitivo, por ejemplo. De hecho, Europa cuenta con leyes de protección de datos que hace imposible, de momento, ofrecer información privada si no está anonimizada.

Aquí cabe recalcar que, en el último trimestre de 2019, un estudio dirigido por el INE relacionado con la geolocalización ciudadana tuvo serias críticas por parte de esta, incitándose desde redes sociales a desconectar de los teléfonos móviles la geolocalización para que el INE no pudiese realizar el rastreo. Sin embargo, durante el Estado de Alarma se llevó a cabo un procedimiento similar, con fines sanitarios, y no recibió crítica desde ningún medio de comunicación de gran escala. Por tanto, el futuro del empleo de herramientas de big data por parte de los Estados en Europa está por ver a estos efectos.

El big data para los individuos

Los individuos producen información, de manera que el big data está dirigido en última instancia hacia ellos, es decir, gestionar y almacenar la información que estos producen a través de sus teléfonos móviles y su navegación por Internet. Por esta razón, y con motivo de el/la Covid-19 surgen diferentes argumentos en torno al uso que se puede hacer de esta herramienta.

Tiffany C. Li (2020) se mete de lleno en el debate sobre la privacidad y el Big Data durante la pandemia con una alegación clara y contundente que luego va a perfilar y concretar:

“Ahora, en esta época de pandemia, sólo tengo un mensaje para las compañías tecnológicas como Google y las agencias gubernamentales como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades: Tomar todos mis datos. Si puede ayudar a resolver o mitigar los daños de esta crisis histórica para la humanidad, por favor, tome mis datos y úselos para ese propósito, y sólo para ese propósito.

Aunque con este fragmento ya parece generar una posición muy clara al respecto del debate de la privacidad: en este momento de crisis hay que dar todos nuestros datos sin dudarlo para este propósito concreto. La realidad es que lo desarrolla añadiendo ciertas pautas que pueden aportar al debate cuestiones muy interesantes.

La cuestión principal que plantea es que para luchar contra el coronavirus es fundamental contar con más datos (no solo para la lucha concreta contra el virus, sino también para consecuencias de este como la soledad). Pero ya en este punto nos adelanta que esto va a implicar, a la vez que más datos para la investigación y seguimiento del coronavirus, una legitimación y una mayor posibilidad de abuso en la explotación de estos mismos datos (de la privacidad).

Para esto plantea tres posiciones que tomar para enfocar la privacidad en esta situación de pandemia:

•   Hay que reconocer que el uso de datos puede ser positivo. En este caso fundamental para el seguimiento y la investigación del coronavirus.

•   Debemos seguir presionando tanto a las empresas privadas como a los organismos gubernamentales para que la utilización de los datos durante esta crisis no significa una vulneración mayor de nuestra privacidad, deslocalizada del sentido propio de tener más herramientas en la investigación del coronavirus.

•  Tenemos que cambiar el enfoque hacia la privacidad en la sociedad, con el objetivo de poder seguir estando protegidos, pero a la vez poder usar los daros de manera positiva.

Por tanto, desde esta posición se defiende que, en tiempos de coronavirus, el uso de los datos no solamente puede ser positivo y beneficioso, sino que es una obligación moral el proporcionarlos ya que es fundamental para atajar esta crisis. Pero esto sin desatender el riesgo que conlleva en cuanto a la privacidad. Tiffani C. Li ya nos adelanta que en estos tiempos de coronavirus la generación de datos y el uso de estos va a crecer exponencialmente y esto es un peligro en cuanto a abusos de esta información. Para protegernos de esto y para adaptarnos a una sociedad que está continuamente produciendo datos considera fundamental repensar la privacidad, “necesitamos cambiar nuestras leyes existentes y crear nuevas leyes que reflejen las nuevas definiciones de privacidad”.

Otra posición es la del filósofo italiano Giorgio Agamben (2020) señala que la epidemia de coronavirus ha servido para justificar y legitimar las medidas de control y regulación de las personas que hasta ahora eran impensables en una sociedad democrática occidental, haciendo hincapié en la posibilidad de acabar viviendo en un sistema con connotaciones totalitarias en cuanto a la privacidad individual, dado que las medidas impuestas están permitiendo a los gobiernos limitar seriamente las libertades de la población a golpe de decretos.  De una manera similar, el filósofo esloveno Slavoj Zizek (2020) se posiciona a favor de reconocer el control digital como una amenaza para la libertad individual, y la asemeja a las distintas fases del duelo por el que pasan los seres humanos: En primer lugar, se niega la amenaza que supone el control digital sobre la vida humana, tildándola de exageración, una paranoia de la izquierda, ya que ninguna agencia puede controlar la actividad diaria, en segundo lugar iría la fase de ira cuando las grandes empresas y las agencias estatales usan la información que el big data les brinda para controlar y manipular a la población, seguida de una tercera de fase de negociación, la cual implicaría que la población acepta el derecho de emplear el control digital para localizar a terroristas y delincuentes, pero no para inferir en la privacidad poblacional, y, por último, iría la fase de aceptación, es decir, aceptar que el control digital es una amenaza para la libertad de la sociedad en su conjunto, lo cual obligaría a esta a tomar conciencia de las dimensiones de lo público y participar en la lucha activa para revertir esta situación.

Expuesto lo anterior, también cabe señalar la postura de la matemática Cathy O’Neil (2018), quien se mantiene en una perspectiva crítica frente al big data, puesto que pese a que esté basado en números y las matemáticas aparentan la objetividad suprema, como sí esta existiese, cabe recordar que los algoritmos están desarrollados por individuos, con sus valores y creencias sociales. Luego las herramientas de big data están impregnadas por sesgos humanos que a la hora de crear macrotendencias, estas estén cargadas de subjetividad más que de objetividad neutral valorativa.

En conclusión, la introducción de las herramientas de Big Data en Europa con la pandemia de coronavirus puede suponer un punto de inflexión en lo relativo a la concepción que tenemos de la privacidad tal y como la conocemos. Si bien cabe destacar que este tipo de herramientas suponen un avance tecnológico sin precedentes, también hay que estar abierto a una postura crítica por la cual no se tenga una concepción sagrada y objetiva del Big Data como único garante de la protección frente al coronavirus.

Bibliografía

Abril, G. (2020): “Y ahora, ¿dónde está la oficina?”, El País, 30 de mayo. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2020/05/28/eps/1590654078_747773.html

Agamben, G. (2020): “The state of exception provoked by an unmotivated emergency”, Positions, 26 de febrero. Disponiblen en: http://positionswebsite.org/giorgio-agamben-the-state-of-exception-provoked-by-an-unmotivated-emergency/

Han, B-C. (2020): “La emergencial viral y el mundo del mañana”, El País, 22 de marzo. Disponible en: https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

Li, T.C. (2020): “Give all my data to Google and the CDC”, Slate, 6 de abril. Disponible en: https://slate.com/technology/2020/04/google-cdc-data-privacy-covid19.html

Méndez, M. A. y M. McLoughlin (2019): “El negocio de los datos de los operadores: así venden tu información (y no solo al INE)”, El Confidencial, 30 de octubre. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-10-30/ine-movistar-telefonica-vodafone-orange_2304595/

O´Neil, C. (2018): Armas de destrucción matemática, Madrid, Capitán Swing.

Zizek, S. (2020): “Monitor and punish? Yes, please!”, The Philosophical Salon, 28 de febrero. Disponible en: http://thephilosophicalsalon.com/monitor-and-punish-yes-please/

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